martes, 6 de octubre de 2009

Eternas conclusiones del eterno, que no es mas que un retorno hacia la busqueda de lo eterno...

Debo confesar que nací a una edad muy temprana… dijo Scchein, un amigo Sueco.

Una dulce cachetada.

Como las que un amigo te da cuando has perdido algo o estás mal, la vida te da ese tipo de cachetadas de consentimiento, de “no pasa nada”, cuando en realidad, está pasando todo…

Dejadez, altruismo o puede que mentalidad cosmopolita.

Nos negamos más de una vez a querer no querer.

Arriesgarse o querer cambiar lo que funciona por lo que puede funcionar es un reto que pocos valientes suelen tener siquiera en cuenta. Por eso cuanto más inteligente, profunda y sensible es una persona, más probabilidades tiene de cruzarse con la tristeza, la incertidumbre y el quinto estadio del duelo.

Porque las exhortaciones a la alegría suelen proponer la interrupción del pensamiento:
"Es mejor no pensar..." o “La clave de la felicidad es la ignorancia”

Nos negamos a cambios, a mover lo que parece lógico o a lo que aparenta ser una realidad cuando en realidad no sabemos que es “¿Qué?”, que realidad es Real y que realidad es la que queremos que sea Real. Quienes dicen que quien no arriesga no gana, merecen una de esas cachetadas.

“Éstos son mis principios; si no te gustan, tengo otros...”

Porque entonces viene la incertidumbre… profunda, temerosa, y en muchos casos asquerosamente fácil de acurrucar.

En este mundo la certeza no es más que una ilusión, porque todo juicio puede ser falso, incluso éste. Nos movemos por prejuicios, ¿y que mas equivocados que eso podemos estar? Es más que fácil engañarnos a nosotros mismos que vernos reflejados en nuestros propios errores. En ese único rito es indispensable buscar a la primera novia... el hombre sabio deberá cuidar -eso sí- el detenerse a tiempo, antes de encontrarla…

Porque el desamor no es mas que una triste manera de comprobarnos a nosotros mismos que si! podemos hacernos daño. Mientras tanto nuestra rutina nos lleva a pensar que aquel amor fue peor, o porque no está con nosotros, o porque simplemente nunca pudimos acabar con el…

Nos enseñan que tenemos que amar a una sola persona durante nuestra vida, y ahí vamos, a los tumbos con la razón, que aconseja pero no ayuda, con la pena de entregarnos a amar, con las ganas de tener ganas, con las posibilidades de conocer y amar a quien le sea aprovechable, con la sinceridad de ser quien uno no es… y negarlo hasta la muerte.

Nos describen el proceso como cósmico, agradable y de color rosa, cuando la mera verdad nos demuestra que además de carecer de colores, el amor es a veces mas blanco y negro que otra cosa. No por lo corto de variedades, si no porque en el amor es una cosa u otra, y en el, la variedad de grises, esta prohibida. Porque nos negamos, porque ponemos trabas sociales, o porque simplemente… ni nos atrevemos a probarlo.

Hay que entender en todo esto una poesía, y la poesía existe porque uno sabe que va a morir, pero también porque uno desea ser querido mientras vive. De manera que, en una estirpe, en donde no existieran ni el amor ni la muerte – siendo que uno es consecuencia del otro, es decir…en una raza de inmortales no sería necesario procrear- aquella poesía entonces no tendría ni sentido ni gracia. Y al perder ambas ambiciones, poco queda por agradecer del motivo en si mismo de la vida.

El amor sucede, no es algo que alguien busca y encuentra metiendo monedas en una maquina, yo no sabría decir cual es el mejor amor, hay quienes creen que el mejor amor es el que uno somete a la rutina, al acostumbramiento, y toman como comparaciones a aquellos padres que “siguen juntos, aún llevando décadas asi”… El mejor amor es el que no fue, o el que no te deja tiempo a valorar lo vivido, el que te deja intrínsecamente arraigada esa idea de que podría haber sido perfecto, el que vives al presente y que no piensa en un futuro. Porque el amor pasado es siempre doloroso. Porque no está, porque no se puede repetir y el futuro porque no puede obligarse.

Lo peor de todo es que nadie ha comprobado que vivamos luego de morirnos, con lo cual, nos queda una sola vida para probar lo que creamos “probable”, y la enorme tristeza de no poder comprobarlo nunca.

Todo cuanto sepamos de el se quedará con nosotros después de la desdicha, decimos una y otra vez “yo no amaré a nadie mas como te he amado a ti” y el deseo de encontrar a alguien “eterno” se me es mas volátil que la eternidad en si misma.

El caso es que, porque en algún momento tuve que hablar YO del Amor?


...

1 comentario:

Ana dijo...

Estoy deacuerdo contigo en algunas de las ideas o pensamientos que tienes sobre lo eterno o lo efímero de hecho hay pensamientos que se pueden adaptar para la vida de otros como es mi caso gracias, serías un buen columnista en mi opinión tienes una línea agridulce , me serviste de paracaidas y me vino la genial idea de hacerme blogera así que si estas interesado en ver la competencia me lo comunicas jeje .
Gracias por escribir un abrazo amigo :)